
Se confiesa sobrepasada, abrumada. Afirma reconocerse hasta repetitiva, “me canso a mí misma… ¿Qué les interesa tanto de mí?” se extraña. Úrsula Villabrille Martínez, Mujer Rural de Asturias 2026, no entiende qué es lo que tanto les puede interesar a los medios de comunicación. “Si es que yo no soy influencer, ni youtuber ni nada de eso”, añade con esa sensación de contar siempre lo mismo. Con tantas entrevistas con motivo de este reconocimiento otorgado por la Red Asturiana de Desarrollo Rural (Reader) con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales a veces no queda muy conforme con algunas de sus respuestas. Y pensándolo en frío se da cuenta de que no es “tan pequeña” como en un principio pudiera pensar.
“Este galardón va a llevar mi nombre, pero hay muchas mujeres que se lo merecen que no van a tener ningún tipo de reconocimiento”, así que lo entiende como algo colectivo, de todas aquellas mujeres que estuvieron antes y las que están. Una manera de seguir haciendo camino para las que vienen detrás.
Como anécdota, y al no contar con ello, cuando la llamó el jurado para trasladarle el resultado de la votación dijo que “no quería”. El susto se instaló en la sala, para aclararle a continuación que no era una invitación a presentarse, sino que su candidatura había sido la elegida entre las treinta y siete presentadas en esta edición.

Una de las cosas que reflexiona es que no se tenía que haber definido como ganadera, o quizás es así como el resto la definió. Sino que, en realidad, se reconoce en el papel de pastora de sus 250 madres de cabra bermeya y sus siete mastines que la ayudan en el trabajo: “Yo acompaño a mis cabras en el monte”, y nos muestra toda la extensión que ocupa el cercado de 100 hectáreas de monte de utilidad pública cerrado con malla y postes de hierro. “Esto no funde con el incendio, si fuera madera…”. Lo dice desde la experiencia de haber sobrevivido a aquellos dos incendios que arrasaron el Valledor, en Allande, donde vive, habita y trabaja.
Un cercado que afirma que les solucionó en gran medida la vida entre otras cosas, de los ataques del lobo, y que le facilita su manejo. Una extensión ubicada en este monte de utilidad pública “al servicio de cualquier persona que viva aquí” y que le permitió arrancar con su ganadería al no tener ninguna propiedad. El cercado, instalado por una cooperativa, fue financiado con fondos Leader gestionados en este territorio por el CEDER Valle del Ese Entrecabos.
Los razones
De palabra viva, esta canguesa del 82 nacida en Regla de Naviego es tan ágil de mente como de piernas, algo que tuvo una parte importante en su apuesta por la ganadería de cabra bermeya.
Llegó hace casi 20 años al pueblo del que es oriundo su marido con un bebé muy pequeño, al que quería cuidar ella misma. Aunque nacida en otro pueblo, ante la falta temprana del padre por fallecimiento, su madre Elena bajó a vivir a Cangas con sus seis hijos e hijas. En aquel entonces Úrsula contaba 6 años de edad. Con formación como Técnica en Conducción de Actividades Físico-Deportivas en el Medio Natural, trabajó como guía en el Parador de Courias y otros entornos del concejo cangués. Más tarde cogió el Bar Chicote, donde afirma que aprendió “con el mejor maestro”.
“Cuando me vine a vivir aquí (Tremado), pensé que yo necesitaba algo que hacer, con lo que ganarme la vida. Apostamos por las cabras porque es una ganadería que se puede empezar de cero. No teníamos ni una hectárea, ni maquinaria, ni una cuadra… Cara a la inversión inicial, era lo más viable. Y a mí me parecía un animal muy movido que conectaba bastante bien con mi forma de ser”, comenta con una sonrisa.

Hay meses en los que el trabajo se acumula, como son los aproximadamente tres meses de partos, en los que afirma perder unos ocho kilos. Luego la cosa relaja un poco según se avanza en el verano. Es consciente también de respetar sus propios tiempos, de facilitarse la vida y afirma que no necesita más de lo que tiene porque le permite vivir a su gusto.
El campo, afirma, permite “esa holgura en los márgenes y en el tiempo para tú adaptarte a las necesidades de ella”, rememora. Con el nacimiento de su hija Jimena, ahora de 18 años, vino la decisión de venir a Tremado y facilitar a la pequeña que conectase ya de nacimiento con la naturaleza. “Yo me crie en un pueblo y no es la vida para nada igual”, señala. Desde temprana edad ya la acompañaba al monte para atender a las cabras. Y apunta “cabras bermeyas, autóctonas de Asturias, en peligro de extinción”. También reconoce la importancia de salir y conocer mundo, aprender cosas nuevas.
Así ella sigue también en continua formación con el manejo de drones o de collares de geolocalización que les coloca a los perros. El manejo tradicional no es contrario a la introducción de las nuevas tecnologías.
Se define como una mujer “con bastante buena capacidad de adaptación” en parte por todos los años de trabajo de cara al público. Pero ahí reconoce que también necesitaba reconectar consigo misma, buscar la tranquilidad que ofrece el campo. A ello suma la bondad de la gente que habita el Valledor, de la que destaca “ser tan acogedora como la de siempre, por lo que no fue difícil adaptarse al entorno. Yo lo que necesitaba era un medio con el que pudiese, a nivel profesional, realizarme, no quedarme ahí estancada”.
Acostumbrada a trabajar desde muy joven, necesitaba mantener esa independencia económica y “no podía llegar aquí y no tener un ingreso propio”. Y ésa es la otra razón que la llevó a emprender.
Ocio y formación para mujeres
Hace tres años se estrenó e implicó como secretaria en la Parroquia Rural del Valledor. Y una de las cosas a la que no dejaba de dar vueltas es que las mujeres de aquí, sus vecinas, tuvieran un poco de vida social. “La mujer de antes no hacía más que trabajar desde que se levantaba hasta que se acostaba. Y su tiempo libre también tenía que ser productivo” y ejemplifica esta realidad con aquella vez en la que invitó a su suegra a dar un paseo y no entendía qué era lo que quería hacer: “no quiero hacer nada; quiero ir andando hasta allí y volver disfrutando del aire”.
El programa Soledad no Deseada le abrió la puerta a satisfacer esta inquietud, trayendo unos proyectos de manualidades para la gente mayor que tuvieron un éxito bastante grande a pesar de que muchas ya le avisaran que “voy ese día para no llevarte la contraria, pero que sepas que no voy a volver nunca más. Vengo hoy pero que no cuentes más conmigo”. Así de tajantes se manifestaron. Pero volvieron y no faltaron nunca. “Al no tener vida social, solo vida familiar, ellas empezaron a relacionarse entre sí, a tomar un café, un poco bizcocho. Se trataba de que no fuera solo trabajo, solo familia”.

Y es aquí cuando surge la idea de crear la Asociación de Mujeres del Valledor (AMUVA), de la que forman parte casi 85 socias. La actividad fundamental se centra en hacer talleres “para que tengan su propio espacio donde hablar, donde hacer cosas, donde reivindicarse y donde disfrutar. Es un proyecto del que estoy muy orgullosa porque ha cambiado bastante la vida de las mujeres de aquí y fue muy acogido por ellas. Y aunque yo ya sé que esto llega tarde, hay que aprovechar el momento; no vamos a mirar para atrás, miremos al futuro”, sentencia.
Si se tiene en cuenta que la parroquia rural apenas supera la sesentena de habitantes, entre 30 y 35 mujeres viven todo el año en ella. Eso no quita para que algunas de sus socias sean de fuera, o estén fuera, e incluso una mujer que no tiene ni vínculo: “pernoctando en una casa de aldea vio una actividad que le gustaba; vino, nos conoció y se quedó. El que nos conoce, se queda, le damos esa tranquilidad y comodidad”. Lo define como “una cosa tan guapa la que creamos aquí…”. Ese “vino y se quedó” es que esta mujer, bióloga de profesión, está pensando en instalarse. El resto de mujeres sí tienen ese vínculo del origen familiar. Y dice con orgullo cuando define a la asociación como “el jueves, estamos esparcidas… en Vegadeo, que vamos a recoger el premio, en Gijón, en todos lados…”.
Con un rango de edad que va desde los 18 años (“en un principio no contamos con la edad infantil y cambiar ahora los estatutos es un lío”) a los 82 de la más veterana, comenzaron impartiendo manualidades para que sobre todo las mujeres mayores sintieran que hacían algo productivo al llevar algo para casa. También hacen talleres de memoria. Y la formación tiene también un peso importante, sobre todo la más práctica como la relacionada con su día a día: inteligencia artificial, de informática… “Sobre todo lo enfocamos hacia la ganadería, con mejora de aplicaciones informáticas como Remoweb de cara a la Consejería, el certificado digital, algo básico”, incide con especial énfasis porque de otra manera perdían una mañana entera para una gestión de dos minutos que se puede hacer de manera telemática desde casa, lo que supone ahorro tanto de tiempo como de dinero.

Al preguntarle dice que hay más hombres que mujeres dedicados a la ganadería, pero “esto está dando un vuelco, cada vez son ellas más las que protagonizan la explotación. Esta zona, como otras de Asturias, caracterizada por el aislamiento, estaba muy masculinizada en ese aspecto. Y a lo mejor algo retraído que la mujer empezase a dirigir, gobernar… pero poco a poco ellos fueron aceptando que los tiempos cambian. Me acuerdo un día que me dijo mi suegro es que antes las mujeres no estaban tan bien vistas. Date cuenta que una persona de ochenta y pico años te dijera… Pero de alguna manera tú también aceptaste ese cambio. Vamos progresando”.
Úrsula Villabrille, pastora de cabras bermeyas, habitante de la parroquia de San Martín del Valledor, en Allande, recibirá el reconocimiento como Mujer Rural de Asturias 2026 el jueves 15 de octubre, Día Internacional del Día de las Mujeres Rurales, en el Auditorio Félix Menéndez – Casa de Cultura de A Veiga / Vegadeo.
Puedes asistir rellenando este formulario.
Fuente: Red Asturiana de Desarrollo Rural


